Por qué es importante desarrollar el entusiasmo en tu hijo

La capacidad que tienen los niños para imaginar o crear algo con su inteligencia y lo que tienen al alcance es un recurso que en la actualidad desafortunadamente, nuestros hijos están perdiendo, a causa de nuestra necesidad como padres de resolverles todo y hacerlos pasar por la menor cantidad de esfuerzo posible.

La imaginación es un elemento necesario para la creación de pensamientos y se debe inculcar desde pequeños porque es un hábito que a largo plazo generará que los sueños sean canalizados a la realidad y se conviertan en acciones y realidades.

Aquí es donde agregamos el “ingrediente secreto” del entusiasmo a la formación de nuestros hijos, para que toda actividad que realicen sea hecha con empeño porque creen en sí mismos y en sus capacidades para hacerlo bien. Y no se hay que confundirlo con ser positivos  de ver el lado amable de las cosas, si no de estar convencido, tener la confianza  y hacer que las cosas pasen.

Por ejemplo: un niño positivo piensa que le va a ir bien en el examen porque estará sencillo. Un niño entusiasta se prepara estudiando para presentar el examen y sacar buena calificación.

Motiva a tu hijo para que en sus juegos, use su imaginación con entusiasmo.

  1. Empieza por no resolverle todo, deja que busque soluciones para situaciones diarias en casa.
  2. Evita el exceso de juguetes que entorpecen su imaginación.
  3. Se estricto con el uso de la tecnología. Limita horarios y contenidos no apropiados para su edad.

En pocas palabras: un niño entusiasta es quien piensa en una idea o meta, imagina cómo le puede hacer para lograrlo y lo convierte en acciones para lograrlo.

Mi consejo es que uses cualquier situación o tema en el cual pueda participar y lo motives a darte una solución y si lo practicas diariamente, notarás la diferencia en su confianza y entusiasmo ante la vida.

 

 

 

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Cómo enseñarle a mi hijo a fijar metas

Sin importar la edad, siempre puedes motivar a tus hijos superar sus metas.

Durante sus primeros meses, conforme a su crecimiento, los bebes logran metas de salud y desarrollo cognitivo de forma natural. Alrededor del primer año de vida empiezan a buscar formas para lograr lo que desean, como alcanzar un objeto arrastrándose o gateando, llevarse un alimento a la boca. Y conforme crecen, los objetivos se vuelven más complejos, cómo el  vestirse solos, realizar algún deporte o dominar el uso de un juguete.

Los niños son decididos por naturaleza y saben exactamente lo que no quieren. Pero puedes ayudarlos a encontrar qué es lo que si desean.

Seguramente como madreo o padre a lo largo de tu vida te has puesto muchas metas, algunas si las has cumplido o otras quedaron en el olvido por diferentes circunstancias.

Mi consejo es, que guíes a tus hijos a que siempre se fijen metas viables, es decir, que se puedan cumplir. Una meta bien establecida cuenta con las siguientes características:

  1. Debe estár por escrito
  2. Ser posible de realizar
  3. Tener fecha de realización
  4. Ser motivante
  5. Ser congruente
  6. Ser especifica
  7. Convertirla en acciones
  8. Ser visualizable
  9. Ir acorde con la persona

Por ejemplo: si tu hijo desea poder cruzar sin ayuda todo el pasamanos del parque. Inicia por escribirlo o pedirle que haga un dibujo, asegurarte de que alcanza los barrotes y tiene la fuerza suficiente para hacerlo solo, fija los días y horas para practicar, cuando mostrará su habilidad y asegúrate de saber que es lo que hace que quiera lograrlo.

Si tu hijo te comparte sus planes e ideales cómo: “quiero ser un astronauta, maestra, científica o actor”. Explícale paso a paso y con metas a corto mediano y largo plazo cómo puede llegar a cumplirlas.

Recuerda qué, saber a donde quieres ir , hará que sea más fácil trazar el camino.

 

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Tus hijos son lo que piensan

Los pensamientos pueden llevarnos  a la derrota o a la victoria.  Es muy  importante el poder que tiene la mente en el desarrollo de tus hijos.

Cuando los pequeños se encuentran en situaciones difíciles, los primeros pensamientos son negativos, ya que están ante un reto que no saben si serán capaces de superar. Como el realizar una actividad nueva o un examen. Y si el resultado no es favorable, es muy  probable que afirmaciones cómo “soy un burro, soy torpe, no puedo hacer nada bien” se vuelvan un pensamiento dominante para ellos, que influya en sus actividades diarias creando en el, una idea erronea de sus capacidades.

Si tu hijo se encuentra en esta situación o constantemente repite frases desalentadoras. Te recomendamos utilizar en repetidas ocasiones palabras que lo alienten de forma indirecta. Por ejemplo: “Hijo, por favor ayúdame a servir la leche en tu cereal, estoy segura que puedes hacerlo” o “Hijo, recuérdame por favor que hicimos el día de ayer, wow eres muy listo”.

Es importante que realices un análisis cómo papá o mamá midiendo la cantidad de frases negativas o positivas que dices durante el día. Recuerda que eres una influencia para tus hijos.

Procura explorar los puntos fuertes de tus hijos, invítalo  y motívalo a participar en actividades nuevas. En algunas quizá no será una estrella, pero seguro encontrará la que le guste y destaque por sus habilidades.

Puedes realizar las siguientes preguntas para conocer su forma de pensar:

  • ¿Cómo te sientes?
  • ¿Eres feliz?
  • ¿Te falta algo para sentirte feliz?
  • ¿Cómo te llevas con tus compañeros?
  • ¿Cómo se portan tus amigos?
  • ¿Crees que has mejorado en (la actividad que realice?
  • ¿Te hace falta algo para dominarlo?

No olvides que para los niños pequeños la mejor felicitación y mayor reconocimiento siempre proviene de los padres.

 

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Niños Mentirosos

A partir de los tres años, los niños comienzan a expresar su imaginación con frases fantasiosas, no te asustes esto solo es parte de su incapacidad de distinguir entre la realidad y fantasía. Alrededor de los seis años los niños ya son capaces de hacer uso de este recurso para distorsionar su realidad con el objetivo de obtener un beneficio.

Las razones más comunes por las que lo hacen son:

  • Se siente frustrado por no poder realizar algo
  • Busca llamar tu atención
  • Para no contradecirte
  • Por imitación
  • Por miedo a recibir un castigo

Lo mejor que podemos hacer para evitar que nuestros hijos mientan es hacerles saber que tenemos confianza en ellos y que pueden hacernos saber cualquier cosa que les suceda. Procura tener una verdadera comunicación con tus hijos para conocer realmente su sentir y también para poder identificar cuando están mintiendo.

Si deseas frenar que tus hijos digan mentiras toma en cuenta los siguientes puntos:

  • Tu hijo necesita saber que decir mentiras ocasiona una consecuencia negativa.
  • Fija un castigo que puedas cumplir al pie de la letra
  • Refuerza la autoconfianza de tu hijo, tal vez solo miente por buscar la aprobación tuya o de alguien en especifico.
  • Se el mejor ejemplo y evita mentir, aunque sean pequeñeces.
  • Déjalo ser sincero, aunque la respuesta no sea de tu agrado siempre.
  • No te rías ni admires sus mentiras por más simpáticas que te parezcan.
  • No le contestes con mentiras a preguntas difíciles. Es preferible que uses una respuesta como: “déjame pensarlo”.

En definitiva, si buscas sinceridad por tus hijos, necesitas ofrecerles a tus hijos la confianza para que puedan expresarse con la verdad sobre su actuar y sentir. Ofréceles siempre un consejo o guía, pero nunca una indicación sobre cómo actuar con el mundo que los rodea.

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Niños indecisos

Los niños son decididos por naturaleza, tal vez no sepan lo que quieren pero con exactitud si saben lo que no quieren y cualquier cosa que esté fuera de su agrado, lo hacen saber inmediatamente. Conforme pasan los años, pueden perder la definición de sus gustos por la influencia de amigos, la moda o por los mismos padres. Llevándolos a vivir un dilema para decidirse por lo que ellos realmente desean o lo que otros esperan que elija.

Nuestro deber cómo padres es vigilar que no pierdan su orientación y enfoquen sus decisiones en lo que ellos realmente creen o desean. Sin importar que esto en ocasiones signifique cometer un error.

Por ejemplo: si están comprando un helado y tu hijo elige un sabor “chicle”, hazle saber que puede no tener el sabor que espera, pero que si lo elige no habrá opción para comprar otro. De esta forma, tu no habrás influido en su decisión y el habrá descubierto por experiencia propia si el sabor es de su agrado o no.

Seguramente habrá muchos momentos en donde sus decisiones le traerán experiencias buenas, pero también malas. Lo importante es que tu hijo vaya identificando las consecuencias de sus decisiones. Lo ideal es que cuando tome una mala decisión lo guíes a hacerse responsable de sus actos y no le resuelvas lo que salió mal. Por ejemplo, siguiendo con el ejemplo del helado sabor “chicle”, la clave es que no compres otro solo para evitar que se sienta mal por elegir algo que no le gustó.

Muy importante, los niños solamente deben tomar decisiones adecuadas a su edad y criterio. Hay temas o actividades en las que debe acatar una indicación por ejemplo en los horarios del hogar o normas establecidas en familia.

Mi consejo es: hazle saber a tu hijo que confías en el para que sepa que tiene capacidad para tomar buenas decisiones, si comete un error dale el apoyo  para que las pueda arreglar, pero no se las soluciones tu.

 

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Enséñale a tu hijo a carecer

Juguetes, aparatos tecnológicos, ropa de marca es el deseo de tu niño. Y estamos seguros que trabajas y haces lo imposible para darle lo mejor. Lo cierto es que el  lo que más necesitan es cariño, atención y comprensión. Si tu le das todo lo que pide, solamente conseguirás  que se vuelva caprichoso y altanero.

Ayúdale a formar su carácter y a valorar lo que tienen en casa enseñándole a carecer. Esto funciona de forma sencilla, solamente tienes que darle un poco menos de lo que demanda. Por ejemplo: no necesita recibir un juguete nuevo cada que te acompaña al supermercado, estrenar ropa de marca cada que asisten a una fiesta para pasarla bien o contar con el equipo más especializado para ser bueno en un deporte.

a) Hazlo consiente de que no es el centro del universo: muéstrale que todos tienen necesidades y que son igual de importantes que las de el. Esto le servirá para aprender a relacionarse y no faltar el respeto a otros pensando que sus necesidades son prioridad.

b) Enséñale que lo mejor de la vida es gratis: Que vea las cosas simples que hay a su rededor. Date tiempo para vivir momentos de alegría en situaciones que no requieran un costo como: dar un paseo en el parque, reírse contando chistes o admirar la naturaleza. Un niño que sabe apreciar con agrado su entorno, se vuelve menos quejoso.

c) Que sea servicial: asígnale tareas diarias, ponlo a cargo de actividades adecuadas para su edad que  contribuyan al buen funcionamiento de la casa. Esto lo formará como una mejor persona, y cuando crezca será servicial de forma natural y con buena actitud aunque las  tareas no sean de su completo a grado.

d) Ser perseverante: si las cosas no le salen bien a la primera, trabaja con el para que no se frustre, al contrario que vea en los problemas un reto para superar y que en la medida que pueda, mejore sus reacciones. Por ejemplo: si le gusta un deporte pero no es muy bueno, en vez de tirar la toalla, anímalo a que se esfuerce el doble practicando y seguramente verá resultados o  si sacó malas calificaciones, no basta con un regaño, motívalo a esforzarse y pídele mejores resultados.

Al principio es complicado cambiar la forma de tratar a tu hijo, pero veras que a largo plazo les servirá mucho para que viva con una mejor actitud ante la vida.

 

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Se porta mal en la escuela

Cuando recibes una llamada por parte del director de la escuela para decirte que tu hijo se está portando mal. Estoy segura de que por tu mente pasan pensamientos cómo: “no quiero que mi hijo sea problemático o qué estoy haciendo mal como mamá”. Siempre recuerda que la escuela raramente llama para felicitarte o hacerte saber las cosas buenas que hizo tu hijo en el día. Pero no tomes a la ligera el llamado de atención que hace la escuela.

Reúne toda la información para saber exactamente qué es lo que está ocurriendo:

  • Habla con tu hijo: Pregúntale que ocurre en el salón de clases, pero ojo, no guíes sus respuestas haciendo preguntas como estas: ¿Verdad que siempre te portas bien en clase hijo? Mejor intenta con algo como esto: ¿Qué tal tu día en la escuela? ¿Hubo algo diferente a los demás días? ¿Qué haces cuando terminas tu trabajo en clase?
  • Pide una entrevista con la maestra: el objetivo de esta actividad es tocar el tema con el maestro de manera objetiva. Me refiero a que no se vale ir a la defensiva y proteger a tu hijo con comentarios como: “que raro, el no hace eso en casa” exprésate con sinceridad y hazle preguntas a la maestra sobre el comportamiento y actitud en general de tu hijo dentro de la escuela.
  • Usa otras fuentes de información: un buen recurso es crear una lista de situaciones o factores en su entorno que puedan ser causantes de un cambio de conducta, por ejemplo: tomar un medicamento nuevo, enfrentarse a algún miedo, si ha habido cambios en el núcleo familiar.
  • Buscar una valoración profesional: no te alarmes si en la escuela te sugieren que tu hijo pueda tener un problema de aprendizaje o te pide realizarle una valoración emocional. Realizar un test ayudará a tener una idea más clara del origen de los comportamientos y será más fácil darle solución.

Una vez esté identificado el problema. Lo primero que hay que hacer es desarrollar una estrategia en la que intervengan los padres y la maestra de grupo. El trabajar en equipo ayuda a que tu hijo se comporte de forma parecida en casa y escuela al sentir el mismo estilo de control sobre sus acciones.

Para ver mejores resultados te sugiero:

  1. Resuman claramente el comportamiento esperado en términos positivos, por ejemplo: si lo que hace tu hijo es molestar a otros niños o distraerlos en clase. Pídele lo siguiente: “céntrate en tu trabajo, acaba tus deberes y permanece sentado en tu lugar”
  2. Dale seguimiento: fija citas semanales con la maestra para conocer el progreso de tu hijo y no aflojes el paso en la estrategia que definieron. Es muy importante la perseverancia.

 

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Ansiedad y pánico ante los exámenes

Si tu hijo cambia de actitud en periodos de exámenes, empieza a preocuparse demasiado o se queda paralizado llegando a olvidar todo lo que sabia, es conveniente ayudarlo a manejar estos sentimientos lo más rápido posible ya que pueden ser desfavorables en el desempeño escolar a lo largo de su vida.

Hay distintas maneras de brindarles nuestro apoyo:

1.- Analiza como manejas tu mismo la situación respondiendo la siguiente pregunta:

      • ¿Puede tu hijo llevar a casa las notas malas tanto como las buenas sin miedo a tu reacción? Deben estar orgullosos sin importar cual sea el resultado, elogien su esfuerzo por estudiar duramente aunque los resultados no sean los esperados, pero no sin hacerle saber que siempre puede mejorar, asegúrate que tu hijo sabe que están disponibles para apoyarlo en todo momento.

2.- Contribuir para que el niño se sienta preparado:

      • Anima a tu hijo a señalar un horario de estudio que le permita prepararse con tiempo.
      • Para que se sienta seguro de si mismo enséñale como utilizar técnicas de estudio, cuando haya estudiado puede escribir preguntas y al responderlas usarlas como guía de estudio, si es necesario releer el tema para contestar las preguntas.

3.- Animalo ayudando a que se relaje un poco, puedes enseñarle algunas técnicas de relajación o dejarlo descansar para despejar su mente.

4.- Contribuye a que tu hijo identifique sus pensamientos negativos y los sustituya por cosas positivas, como “Sé las respuestas”, “He estudiado suficiente y lo haré bien”. Logra que practique estas afirmaciones cada vez que vuelva a la visión negativa.

5.- Ayuda a que visualice los sentimientos que puede experimentar, como se puede sentir en el momento del examen, que imagine que no puede resolver un problema, después imaginara lo contrario, que lo resuelve y termina su examen exitosamente. Realizar varias sesiones donde tu hijo imagine cosas negativas que pueda sustituir por positivas.

6.- Prepara un examen simulado un día antes del examen real. Revisen juntos los resultados del examen y esto le ayudara a repasar los temas en los que necesita mayor seguridad.

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Mi hijo no acepta un NO por respuesta

Si a tu hijo le importa poco que le digas NO diez veces, es porque sabe que a la número once aceptas y cedes ante sus peticiones. El ya ha aprendido en base a experiencias exitosas y sabe perfectamente, que si es insistente, da lata con berrinches, peticiones repetitivas  y te tortura repitiendo sin parar lo que desea, eventualmente conseguirá lo que pide.

La única solución al problema es que como padre tomes la decision con firmeza  y que tu hijo comprenda que le estás hablando en serio.

Puedes aplicar estas estrategias para resolverlo:

  1. Piensa bien tu respuesta antes de hablar. No respondas con un NO automáticamente, cuantas veces te ha pasado que realmente la respuesta adecuada es un “quizás más tarde”o “ahorita no hay tiempo”. Guarda el NO para cuando realmente sea necesario. Y cuando te hagan una petición en la que no sepas que contestar, puedes aplicar el ” Déjame lo pienso un poquito” y así sera más fácil para ti, tomar una postura y no cambiarla.
  2. No le des ventaja a tu hijo: Cuando te pidan algo evita responder con una pregunta, por ejemplo. “mamá quiero un helado” y tu respondes “¿no ves la hora que es? ya casi cenas”. Le estas dando oportunidad de tener argumentos para debatir. No crees una discusión, la respuesta adecuada debe ser clara y concisa sin explicaciones para justificarte. Por ejemplo “No, no es hora de helado”.
  3. Si continua sin entender: no pelees ni discutas, ya que eso es lo que ellos desean. La respuesta más inesperada para ellos es ignorar sus acciones aunque haga berrinche, tu guarda silencio y repite tu respuesta como disco rayado. “No, no es hora de helado”.
  4. Usa efectivamente el contar hasta 3: déjale claro que si rechaza 3 veces tus negativas va a llegar el castigo. Estos pueden ser desde irse unos momentos a un rincón, hasta restar tiempo de su actividad favorita.
  5. Cuando lo haga bien, díselo: si notas que tu hijo está cooperando, dile de forma natural que te sientes muy feliz y que te gusta mucho ese comportamiento. A tu hijo le gustará sentirse exitoso y puedes reforzarlos “celebrándolo” con la familia.

Es importante que si te esta pasando esto, tomes cartas en el asunto inmediatamente porque este comportamiento puede transformarse en un serio problema en la adolescencia.

 

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Cómo reaccionar cuando los niños dicen groserias

Es raro el niño que no usa apodos o palabras inapropiadas, al menos de manera ocasional. Algunos lo hacen para expresar su enfado y otros simplemente por diversión. En la mayoría de los casos, para eliminar estas acciones, lo mejor que podemos hacer como padres es ignorar estos comportamientos y con esto me refiero a no reír, ni si quiera sonreír.

Existen formas efectivas para evitar que los niños usen malas palabras:

  1. En el momento que el niño dice una mala palabra, dile con tono serio que esta usando una palabra incorrecta.
  2. Explícale el significado y pregúntale cómo se sentiría, si la usaran para referirse a el.
  3. No sobre reacciones cuando las utilice ni le digas que están prohibidas , ya que se vuelve más tentador hacer o decir lo que no está permitido.
  4.  Jueguen a buscar palabras positivas o alentadoras para ampliar su vocabulario y expresar lo que siente o desea.
  5. Hazle un cumplido cuando mantenga conversaciones usando palabras adecuadas.
  6. Prepáralo para cuando escuche niños decir malas palabras, no las repita por imitación.
  7. Evita decir palabrotas o tener explosiones de enojo frente a tus hijos. porque se confundirán que les corrijas un comportamiento que tu también haces.
  8. No le pongas apodos calificativos a tus hijos: gordo, chaparro, travieso etc fomentaran en el que nombre a sus compañeros o amigos con alguno.

Si continuan los insultos o malas palabras aún después de usar estas técnicas, déjale en claro que se tendrá que atener a  las consecuencias de sus actos.

  1. Déjalo sin privilegios por un tiempo determinado y devuélveselos cuando mejore su actitud
  2. Que “pague” por sus acciones, puedes “multarlo” por cada mala palabra que diga y pedirle que realice una tarea extra o que pase tiempo haciendo una actividad que no sea de su agrado.

Mi consejo es que seas un buen ejemplo para el, siempre compórtate y exprésate como te gustaría que lo hiciera tu hijo.

 

 

 

 

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